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31 de agosto de 2026

El arte de elegir

Imagen de portada del artículo El arte de elegir

Hace algunos años tuve una pareja que un día se sentó a mi lado y me dijo que no me admiraba.

Lo recuerdo porque, días y meses atrás, esa misma persona hacía comentarios sobre mi cuerpo, me mandaba a callar delante de otras personas y me comparaba con sus ex.

Pero ese día fue distinto.

Ese día fue mortal para mi mente.

Me dijo que no estaba seguro de querer estar conmigo después de casi un año juntos porque no me admiraba.

Y después me hizo una pregunta que jamás voy a olvidar. No por lo que dijo él sino por lo que yo respondí.

“¿Estarías tú con una persona como tú?”

Y en ese momento debo confesarles que respondí que no.

Me sentí culpable. Me sentí avergonzada conmigo misma, pero sin dudas fue una respuesta que salió de mí.

Y durante mucho tiempo esa pregunta se quedó conmigo.

Hoy, años después, puedo entender que aquello no era una medida de mi valor. Pero sí terminó enseñándome algo que ha sido fundamental para construir mi vida y también para construir mi empresa.

Y no, no estoy agradecida con él. Pude haber vivido felizmente sin su presencia en mi vida, pero yo no lo sabía.

Lo primero que me enseñó construir mi empresa fue a admirarme a mí misma. Tranquilas, no tienen que tenerlo todo perfecto para comenzar, ni su amor propio, ni nada… me molesta mucho que nos hagan creer que hay que ser perfectas para merecer, para comenzar. Conviértanse en sordas de vez en cuando, por favor.

Pero muy pronto en este caminar entendí que no podía volver a apostar mi tiempo, mi energía y mi vida por personas que no me ven, que no me reconocen o que constantemente me hacen cuestionar mi propio valor y sobre todo aprender a verme a mí misma, reconocerme y no volver a colocar semejante responsabilidad en las manos de quien no la tiene.

Luego llegó el aprender a cuidar mi energía.

Y cuando hablo de energía no hablo solamente de descansar o de sentirme bien, aunque ese es el resultado de una serie de decisiones que vamos asumiendo paso a paso.

Hablo de cuidar lo que escucho.

De cuidar a quién escucho.

De proteger quien entra a mi vida y quien no.

De decidir muy bien a la vida de quien quiero entrar yo.

De aprender a filtrar.

Porque cuando empiezas a construir algo, aparecen muchas voces.

Personas que te dicen que no va a funcionar.

Personas que te dicen que las estadísticas demuestran que es muy difícil.

Personas que te dicen cuánto deberías cobrar, qué deberías vender, qué deberías hacer o hasta dónde deberías llegar.

Y algunas de esas opiniones pueden tener información que vale la pena escuchar.

Pero escuchar no significa obedecer.

Aprendí a escuchar, evaluar y decidir qué sostengo y qué suelto.

Porque no todo el mundo tiene la visión para entender lo que tú estás construyendo.

Y tampoco puedes permitir que cualquier persona tenga el poder de interrumpir tu camino.

Construir una empresa me ha obligado a construir también un carácter mucho más firme.

Un carácter que me permite recibir una opinión sin convertirla inmediatamente en una verdad sobre mí.

Un carácter que me permita escuchar una estadística sin convertirla en mi destino.

Un carácter que me permita aceptar una crítica sin volver a sentir que valgo menos.

Y, sobre todo, un carácter que me permita no volver a sentir poca admiración por mí misma, sin importar lo que otra persona vea cuando me mira.

Porque hoy sé algo que antes no sabía:

Antes de construir una empresa, tuve que aprender a construirme a mí misma.

Y quizá eso sea una de las cosas más difíciles de construir siendo mujer.

Aprender a confiar en tu propia mirada cuando durante mucho tiempo otras personas intentan decirte cómo debes verte, hacer, decir.

Y cuando finalmente aprendes a hacerlo, empiezas a construir desde otro lugar.

No desde la necesidad de demostrar.

Sino desde la certeza de quién eres y de lo que estás construyendo.

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